¿Por qué las personas con TDAH empiezan tantas cosas y no las terminan?
12/08/26
Empiezas un curso, descubres una actividad que te interesa muchísimo, te compras todo lo necesario para empezar y, durante unos días o incluso unas semanas, parece que no existe nada más. Investigas, ves vídeos, lees artículos, buscas información, haces planes y hasta empiezas a imaginarte cómo será tu vida cuando hayas aprendido aquello que acaba de despertar tu interés.
Y después, de repente, lo dejas.
Quizá aparece otra cosa que te llama la atención, quizá aquella actividad empieza a hacerse aburrida, quizá llegas a una parte más complicada o simplemente ya no sientes la misma emoción que al principio. Entonces aparece esa frase que muchas personas con TDAH han repetido alguna vez: “Otra vez igual, nunca termino nada”.
Y cuando esto ocurre suficientes veces, es muy fácil empezar a construir una imagen de nosotros mismos alrededor de esa idea. Pensamos que somos inconstantes, que nos falta disciplina, que nunca conseguimos comprometernos con nada o que somos incapaces de mantenernos centrados en un objetivo.
Pero, ¿y si no fuera tan sencillo?
Empezar algo con entusiasmo y dejarlo después:
Una de las experiencias que más frustración puede generar cuando tienes TDAH es precisamente esa diferencia tan grande entre cómo empiezas algo y cómo te sientes unas semanas después.
Al principio existe novedad, curiosidad, desafío y una sensación de descubrimiento constante. Todo es interesante porque todavía no sabes cómo funciona, tienes muchísimas cosas que aprender y cada pequeño avance puede resultar estimulante. En esa fase es posible que puedas pasar horas completamente concentrado, investigar durante muchísimo tiempo y sentir que por fin has encontrado algo que realmente te apasiona.
Pero llega un momento en el que la novedad desaparece.
Ya no estás descubriendo algo nuevo, sino repitiendo, practicando, organizando, esperando resultados o haciendo todas esas pequeñas tareas que forman parte de cualquier proceso. Y ahí es donde puede aparecer la dificultad para mantener la motivación.
Por eso es importante entender que perder motivación no significa necesariamente haber perdido interés. Puedes seguir queriendo conseguir algo y, al mismo tiempo, tener muchas dificultades para ponerte con ello o para mantener el esfuerzo necesario para continuar.
Esta diferencia puede cambiar completamente la manera en la que interpretas lo que te está pasando.
El TDAH y la necesidad de estímulo:
El cerebro con TDAH puede sentirse especialmente atraído por aquello que resulta nuevo, interesante, desafiante o estimulante. Por eso empezar algo puede ser mucho más sencillo que mantenerlo cuando deja de ofrecer esa sensación inicial.
Piensa en lo que ocurre cuando descubres una nueva afición. Al principio quieres saberlo todo, buscas información, consumes contenido, compras materiales y probablemente hablas del tema con cualquiera que tenga la mala suerte de cruzarse contigo. Pero después llega la parte menos emocionante. La repetición, la práctica, los errores, las tareas aburridas, los resultados que tardan en llegar, y entonces puede aparecer la sensación de que aquello ya no te interesa.A veces es verdad. Pero otras veces lo que ha desaparecido no es el interés, sino la estimulación que hacía tan fácil mantenerte conectado con esa actividad.
Esto puede generar un ciclo que muchas personas con TDAH conocen muy bien: aparece un interés, llega el entusiasmo, puedes entrar en hiperfoco, la novedad empieza a desaparecer, mantener la actividad se vuelve más difícil y finalmente la abandonas. Después aparece la culpa y, cuando llega un nuevo interés, vuelve a empezar todo el proceso.
El problema es que, después de vivir este ciclo muchas veces, puedes dejar de pensar “he abandonado este proyecto” y empezar a pensar “yo soy una persona que nunca termina nada”. Y eso ya es otra historia.
Cuando un comportamiento se convierte en una identidad:
Hay una diferencia enorme entre decir “esta vez no he terminado lo que empecé” y decir “yo nunca termino nada”.
La primera frase habla de algo que ha ocurrido.La segunda habla de quién eres. Y cuando empiezas a verte como una persona inconstante, cada nuevo proyecto puede comenzar acompañado de una especie de profecía. Te entusiasmas, pero al mismo tiempo una parte de ti ya está esperando el momento en el que vas a abandonar.
Esto puede afectar incluso a la confianza que tienes en ti mismo. Porque cada nuevo comienzo viene acompañado de todos los comienzos anteriores que no llegaron hasta el final.
Por eso creo que es importante dejar de explicar automáticamente todo lo que ocurre como una falta de disciplina. No todo lo que te cuesta hacer significa que seas vago, no todo abandono significa que no tengas compromiso y no todo cambio de interés significa que hayas fracasado.
Pero tampoco todo es culpa del TDAH:
Aquí también hay que poner un poco de sentido común.
Tener TDAH no significa que cada vez que abandones algo sea por culpa del TDAH. A veces empiezas algo y descubres que simplemente no te gusta. Otras veces cambian tus prioridades, tu situación personal o la vida que quieres construir, y aquello que parecía importante hace seis meses deja de tener sentido.
Y a veces, sencillamente, no quieres hacerlo. También está bien, porque entender cómo funciona tu cerebro no debería convertirse en una manera de justificar absolutamente todo lo que haces. Al contrario, debería ayudarte a conocerte mejor para poder tomar decisiones más conscientes.
Por eso, cuando abandones algo, en lugar de quedarte únicamente con “otra vez lo he dejado”, puede ser mucho más interesante preguntarte qué está pasando realmente.
¿Ya no me interesa? ¿Me he bloqueado? ¿Estoy evitando la parte aburrida? ¿No sé cuál es el siguiente paso? ¿Estoy intentando hacerlo perfecto? ¿Necesito otra estrategia? ¿O simplemente he descubierto que esto ya no es para mí?
La respuesta puede ser diferente cada vez.
¿Has perdido el interés o has perdido la capacidad de avanzar?:
Imagina que empiezas a estudiar fotografía. Al principio estás completamente enganchado, quieres aprender sobre cámaras, objetivos, iluminación y composición, ves vídeos constantemente y quieres probarlo todo.
Después de unas semanas dejas de tocar la cámara.
Podrías pensar que ya se te ha pasado y que has vuelto a abandonar otra cosa. Pero quizá sigues queriendo aprender fotografía y el problema es otro. Quizá no sabes cuál debería ser tu siguiente paso, has llegado a una parte demasiado técnica, el curso que elegiste no encaja contigo o estabas intentando aprender demasiado deprisa. Quizá incluso necesitas convertir ese aprendizaje en un proyecto concreto para volver a sentir interés.
Por eso esta pregunta puede ser muy útil: ¿he perdido el interés o he perdido la capacidad de avanzar?
Porque no son lo mismo. Y si no distingues entre ambas cosas, puedes abandonar proyectos que realmente querías simplemente porque llegaste a una parte del proceso que necesitaba una estrategia diferente.
No necesitas terminar absolutamente todo lo que empiezas:
También tenemos que dejar de tratar la capacidad de terminar cosas como si fuera una virtud absoluta.
A lo largo de nuestra vida vamos a empezar muchísimas cosas. Cursos, libros, hobbies, proyectos, trabajos, relaciones, ideas, actividades que nos entusiasman durante un tiempo y después dejan de hacerlo.
No todo tiene que llegar hasta el final, hay cursos que descubrirás que no necesitas, libros que dejarás a medias, hobbies que probarás y abandonarás y proyectos que un día simplemente dejarán de tener sentido.
Soltar algo no siempre significa fracasar. A veces significa que has cambiado…
La clave está en aprender a distinguir entre abandonar algo porque realmente ya no lo quieres y abandonarlo simplemente porque ha desaparecido la novedad y ahora necesitas encontrar una manera diferente de continuar.
Ahí es donde empieza a aparecer una relación mucho más sana con la constancia.
Quizá la constancia no tenga que parecerse a una línea recta:
Cuando pensamos en una persona constante, solemos imaginar a alguien que hace exactamente lo mismo todos los días, mantiene una rutina perfecta y avanza de manera lineal hasta conseguir su objetivo.
Pero la vida no funciona así, y mucho menos para muchas personas con TDAH.
A veces la constancia significa parar, reorganizarte y volver. Otras veces significa cambiar de estrategia, dividir un proyecto en pasos más pequeños, buscar ayuda, modificar el entorno o encontrar una manera de hacer que una tarea aburrida resulte un poco más estimulante.
La constancia no siempre consiste en hacer lo mismo todos los días. A veces consiste simplemente en volver a lo que sigue siendo importante para ti.
Y creo que esta diferencia es fundamental, porque te permite dejar de medir tu éxito por la cantidad de días perfectos que has conseguido mantener una rutina y empezar a medirlo por tu capacidad para regresar a aquello que realmente quieres construir.
Y quizá algunas de esas cosas terminen conectándose..:
Hay otra parte de todo esto que me parece especialmente interesante y de la que hablamos muy poco.
A veces esos intereses que parecen completamente inconexos terminan convirtiéndose en habilidades que, años después, puedes utilizar juntas.
Puedes aprender fotografía, después vídeo, luego edición, más tarde diseño, páginas web, marketing o creación de contenido, y durante todo ese tiempo pensar que simplemente estás saltando de una cosa a otra. Hasta que un día miras hacia atrás y descubres que todas esas piezas tienen algo en común.
No todo interés tiene que convertirse inmediatamente en una profesión, ni todo lo que aprendes necesita tener una utilidad inmediata. A veces simplemente estás adquiriendo conocimientos y desarrollando habilidades que todavía no sabes cómo vas a utilizar.
Y esto también es importante cuando hablamos de TDAH. No siempre necesitamos luchar contra nuestra curiosidad. Quizá necesitamos aprender a dirigirla.
No necesitas terminar todo. Necesitas aprender a elegir:
Si tienes TDAH y te reconoces en este patrón, quizá la solución no sea obligarte a terminar absolutamente todo lo que empiezas.
Quizá necesitas aprender a observar qué ocurre contigo cuando la novedad desaparece y hacerte mejores preguntas antes de abandonar.
Necesitas saber si realmente has perdido el interés, si estás bloqueado, si estás evitando la parte aburrida, si necesitas otra estrategia o si simplemente has descubierto que aquello ya no encaja contigo.
Porque cuando empiezas a distinguir esas situaciones, cada proyecto que no terminas deja de convertirse automáticamente en una prueba de que eres incapaz. Empiezas a tomar decisiones, y ahí está la diferencia.
No necesitas convertirte en una persona que nunca cambia de intereses, tampoco necesitas terminar todo lo que empiezas para demostrar que eres disciplinado. Necesitas aprender a hacer que tus intereses trabajen a tu favor, entender qué merece tu energía y descubrir qué estrategias te ayudan a continuar cuando la motivación inicial desaparece. Porque tener TDAH no significa que estés condenado a empezar mil cosas y no terminar ninguna y tampoco significa que tengas que terminar todo lo que empiezas. Significa que necesitas aprender a entender por qué empiezas, por qué abandonas y qué merece realmente tu energía.
Y cuando empiezas a distinguir esas tres cosas, cambia completamente la relación que tienes con tus proyectos, tus intereses y contigo mismo.
No necesitas terminar todo lo que empiezas. Necesitas aprender a elegir qué merece la pena terminar!!!
¿Te reconoces en este patrón?
Si tienes TDAH y sientes que empiezas muchas cosas, pierdes el interés y después acabas castigándote por ello, quizá el problema no sea simplemente que te falte disciplina.
Quizá necesitas entender mejor cómo funciona tu motivación y construir estrategias que se adapten a ti.
En mi trabajo como coach especializada en TDAH en adultos, acompaño a personas que funcionan aparentemente bien por fuera, pero sienten que por dentro viven constantemente intentando ponerse al día.
Porque entender tu cerebro es importante, pero aprender a vivir con él de una forma que tenga sentido para ti lo es todavía más.
Gaby Rodríguez. Life coach Tdah.

