Mitos y realidades del TDAH: lo que aún se malinterpreta en niños y adultos.

18/02/26

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) es uno de los temas más comentados hoy, pero también uno de los más malinterpretados. Parte del problema es que durante años se ha explicado de forma demasiado simple: como si fuera “no se concentra” o “se mueve mucho”. La realidad es más compleja: hablamos de un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la atención, la impulsividad y la autorregulación, con impacto real en el funcionamiento diario.

En este artículo vamos a desmontar algunas ideas equivocadas frecuentes desde una mirada profesional: qué se confunde, por qué se confunde, y qué implica esto para familias, escuela, trabajo y bienestar emocional.

Antes de los mitos: una clave psicológica esencial.

Cuando hablamos de TDAH, la pregunta útil no es “¿tiene o no tiene?”, sino:

¿Qué grado de interferencia provoca en la vida diaria y en qué contextos?

Las guías clínicas insisten en que los síntomas deben ser persistentes y generar deterioro funcional (en lo académico, lo social, lo emocional o lo laboral) para considerarse clínicamente relevantes.

Esto es importante porque evita dos extremos:

  • minimizar (“no es para tanto”),

  • sobredimensionar (“todo es TDAH”).

Mito 1: “Si saca buenas notas o trabaja bien, entonces no puede ser TDAH”

Realidad: El rendimiento externo no siempre refleja el coste interno.

En consulta es frecuente ver perfiles de alto rendimiento con TDAH que se sostienen por:

  • sobreesfuerzo crónico,

  • ansiedad anticipatoria,

  • estrategias de compensación,

  • perfeccionismo y control,

  • hiperresponsabilidad.

El resultado: por fuera “funcionan”, por dentro se sienten agotadas, desbordadas o “siempre tarde” mentalmente.

En psicología esto se entiende como adaptación compensatoria: la persona aprende a “tapar” dificultades a cambio de un precio emocional alto. En mujeres esto es especialmente relevante, porque a menudo el TDAH se presenta de forma más internalizada y con estrategias de camuflaje.

Mito 2: “El TDAH es igual en todo el mundo y se ve siempre igual”.

Realidad: El TDAH es sensible al contexto.

Los síntomas cambian mucho según:

  • estructura del entorno (rutinas, apoyos, demandas),

  • tipo de tareas (monótonas vs estimulantes),

  • sueño, estrés y carga mental,

  • expectativas sociales (especialmente en niñas).

Las guías remarcan que la evaluación debe considerar más de un contexto (por ejemplo, casa y escuela en infancia; vida laboral y relaciones en adultos).

Esto explica por qué algunas personas “parecen estar bien” en vacaciones, o “empeoran” en épocas de alta exigencia: no es que el TDAH aparezca y desaparezca, es que el entorno cambia la carga de autorregulación.

Mito 3: “Si es TDAH, debería notarse desde siempre de forma obvia”.

Realidad: Puede haber señales tempranas… pero no siempre son “escandalosas”.

En la infancia, hay señales que se confunden con:

  • inmadurez,

  • “soñar despierta”,

  • sensibilidad emocional,

  • desorganización,

  • olvidos frecuentes.

Además, en niñas es habitual que la hiperactividad sea menos visible y se manifieste como inquietud interna, verborrea social, perfeccionismo ansioso o hiperadaptación. Por eso, muchos casos se detectan tarde.

En adultos, el CDC y el NIMH describen dificultades frecuentes como organización, gestión de tareas y mantenimiento de rutinas, a menudo con impacto en relaciones y trabajo.

Mito 4: “Si hay ansiedad o depresión, entonces no es TDAH”.

Realidad: La comorbilidad es frecuente y puede confundir la foto.

Una de las razones por las que el TDAH se malinterpreta es que puede coexistir con otros problemas emocionales (ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, etc.). En mujeres, el consenso clínico subraya precisamente que las comorbilidades y el camuflaje pueden dificultar la identificación.

Esto no significa “todo es TDAH”. Significa:

  • hay que hacer una evaluación cuidadosa,

  • hay que diferenciar qué es primario y qué es secundario,

  • y entender el círculo: desregulación → consecuencias → más malestar.

Una buena evaluación no se queda en síntomas aislados; analiza historia, impacto, cronología y contextos.

Mito 5: “El TDAH lo causa la crianza, o se arregla con mano dura”.

Realidad: No es un problema de “malos padres”.

Este mito sigue siendo de los más dañinos, porque coloca culpa donde debería haber comprensión y herramientas. Organizaciones de referencia en divulgación clínica señalan que el TDAH está asociado a factores neurobiológicos y genéticos, no a “falta de límites” como causa.

Ojo: esto no significa que el entorno no importe. Importa muchísimo. Pero importa como apoyo, no como causa simplista.

En la práctica, las intervenciones más efectivas suelen combinar:

  • psicoeducación,

  • estrategias conductuales y de organización,

  • ajustes en el entorno (escuela/trabajo),

  • y, cuando corresponde, abordaje clínico coordinado .

Mito 6: “Todo se arregla cambiando la dieta” (o “el azúcar causa TDAH”).

Realidad: La relación dieta–síntomas es más matizada que los titulares.

Hay creencias muy extendidas sobre azúcar, colorantes o dietas “milagro”. La evidencia disponible no sostiene que el azúcar sea la causa del TDAH, y las guías señalan que ciertas dietas restrictivas no tienen evidencia robusta a largo plazo, y solo podrían contemplarse en casos específicos y con supervisión profesional.

Lo más serio y práctico suele ser:

  • hábitos de sueño, movimiento y rutinas,

  • alimentación equilibrada por salud general,

  • observar si hay sensibilidades individuales (y, si las hay, trabajarlas con profesionales) .

Tips que si pueden ayudarte a comprender (y a intervenir mejor):

Si quieres una brújula profesional para no perderte, piensa en estas 4 piezas:

  1. Historia y desarrollo: cómo fue tu infancia, qué señales hubo, qué estrategias se montaron.

  2. Impacto funcional: dónde interfiere hoy (trabajo, hogar, relaciones, salud mental).

  3. Contexto: estructura, estrés, sueño, apoyos, demandas reales.

  4. Comorbilidades: qué más está influyendo y cómo se relaciona con el TDAH.

Los mitos sobre el TDAH no solo desinforman: muchas veces generan culpa, retrasan la búsqueda de ayuda y complican la convivencia. Entender el TDAH desde una mirada profesional implica salir del juicio rápido y entrar en preguntas útiles: qué pasa, en qué contextos pasa, cuánto interfiere y qué apoyos hacen falta.

Nota importante:

Este artículo es informativo y no sustituye una evaluación profesional. Si sospechas TDAH (en ti o en tu hijo/a), lo recomendable es consultar con un profesional sanitario cualificado para una valoración completa.

Gaby Rodríguez. Life coach Tdah.

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