Funciones ejecutivas: qué son, por qué te bloquean y cómo empezar a trabajarlas (especialmente si tienes TDAH).
04/02/26
Muchas personas llegan al coaching con una sensación muy concreta: saben lo que quieren hacer, pero no consiguen hacerlo.
No es falta de ganas, no es pereza.Y en la mayoría de los casos, no es falta de capacidad.
Detrás de esa dificultad suelen estar las funciones ejecutivas, que son un conjunto de habilidades mentales clave para organizarnos, regularnos y pasar a la acción. Cuando éstas, no funcionan de forma óptima (algo muy común en personas con TDAH), la vida cotidiana puede volverse especialmente cuesta arriba.
En este artículo vamos a ver:
qué son realmente las funciones ejecutivas,
cómo se manifiestan cuando fallan,
por qué no se solucionan “poniéndole más ganas”,
y qué tipo de acompañamiento ayuda de verdad a mejorarlas.
Qué son las funciones ejecutivas (explicado sin tecnicismos):
Las funciones ejecutivas son las habilidades del cerebro que actúan como un sistema de dirección.
Son las que nos permiten:
organizar pensamientos,
priorizar tareas,
iniciar acciones,
mantener el foco,
regular emociones,
adaptarnos a los cambios,
y terminar lo que empezamos.
No tienen que ver con la inteligencia ni con la motivación. Tienen que ver con cómo gestionamos nuestros recursos mentales y emocionales. Cuando este sistema funciona bien, muchas cosas fluyen casi sin darnos cuenta.
Cuando no, cada tarea requiere un esfuerzo desproporcionado.
Las funciones ejecutivas no fallan todas a la vez (y esto es clave):
Uno de los grandes errores que todos cometemos consiste en pensar que las funciones ejecutivas son un “todo o nada”.
En realidad, pueden fallar algunas y otras no, y eso explica por qué muchas personas con TDAH funcionan muy bien en ciertos ámbitos y se bloquean en otros.
Veamos las más relevantes:
Iniciación de tareas: cuando empezar es lo más difícil.
Esta es una de las funciones más afectadas en el TDAH.
La persona: sabe lo que tiene que hacer, quiere hacerlo y entiende las consecuencias de no hacerlo. Pero no consigue arrancar. Esto no es pereza, es una dificultad neurológica para activar la acción.
Por eso frases como “venga, solo empieza” suelen generar más culpa que ayuda.
Planificación y priorización: cuando todo parece igual de urgente.
La planificación implica:
dividir una tarea en pasos,
decidir qué va primero,
estimar tiempos..
Cuando esta función falla:
todo parece enorme,
cuesta elegir por dónde empezar,
se salta de una cosa a otra,
aparece la procrastinación como forma de defensa.
Muchas personas con TDAH no procrastinan por comodidad, sino por sobrecarga mental.
Gestión del tiempo: cuando el tiempo no se siente real.
En el TDAH, el tiempo suele vivirse como algo abstracto. Esto se traduce en:
subestimar cuánto tardan las cosas,
dejarlo todo para “luego”,
vivir en el último momento,
dificultad para sostener rutinas.
No es irresponsabilidad. Es una percepción del tiempo distinta.
Memoria de trabajo: cuando pierdes el hilo constantemente.
La memoria de trabajo nos permite:
mantener información activa,
seguir un proceso,
no olvidar lo que estábamos haciendo.
Cuando falla:
se pierde el hilo,
se olvidan instrucciones,
se interrumpen tareas constantemente.
Esto genera frustración y una sensación constante de “no rindo como debería”.
Regulación emocional: la gran olvidada.
Las funciones ejecutivas también regulan emociones.
Cuando están afectadas: la frustración es más intensa, cuesta tolerar errores, las emociones aparecen de golpe, la autocrítica se dispara..
Aquí es donde muchas personas con TDAH desarrollan una narrativa interna muy dura consigo mismas, afectando el autoestima y dandole fuerza a todas esas creencias limitantes que se han instalado en nuestros cerebros y que sin un acompañamiento adecuado, son difíciles de desinstalar...
Por qué las funciones ejecutivas no se arreglan con fuerza de voluntad?:
Este punto es fundamental.
Las funciones ejecutivas no mejoran a base de exigirse más. De hecho, la presión suele empeorarlas.
Lo que sí ayuda es:
comprensión (primero la tuya hacia tí misma/o y de los que te rodean),
estructura externa (herramientas como: agendas, IA, notas, alarmas etc),
herramientas adaptadas (técnicas como la de Pomodoro, meditación, técnicas de regulación),
acompañamiento que sostenga el proceso (sesiones de coaching, terapia etc).
Cuando una persona deja de pelearse consigo misma, el sistema empieza a regularse mejor.
Qué sí ayuda a fortalecer las funciones ejecutivas:
Sin entrar en recetas mágicas, hay principios que marcan una diferencia real:
Externalizar:
Sacar información fuera de la cabeza: listas, recordatorios, apoyos visuales, acompañamiento.
Reducir la carga:
Dividir tareas en pasos muy pequeños reduce la activación de la evitación.
Trabajar con energía, no contra ella:
Respetar ritmos, picos y bajones. No todas las horas valen igual.
Acompañamiento sostenido:
Las funciones ejecutivas mejoran cuando no estás sola. El apoyo regula, estructura y da continuidad.
El papel del coaching en las funciones ejecutivas:
El coaching no “cura” el TDAH, pero sí ayuda a trabajar las funciones ejecutivas cuando se hace desde un enfoque respetuoso y adaptado.
Un buen acompañamiento: no exige funcionar como alguien neurotípico, no impone métodos rígidos, no se centra solo en hacer más, no crea herramientas temporales..
Se centra en:
entender cómo funcionas,
regular emociones,
crear y aplicar estrategias sostenibles en el tiempo y adecuadas a tí,
hacerte ver tu potencial, tus habilidades y fortalezas,
desmontar creencias limitantes como: soy vago/a, no sirvo para nada, soy muy lenta/o, me cuesta porque soy (añadir adj..)..
y acompañar el proceso real, no el ideal..
Si llevas tiempo sintiendo que sabes lo que quieres pero no consigues avanzar y te culpas por ello, quizá no te falte disciplina. Quizá te falten herramientas y acompañamiento adecuados.
Entender tus funciones ejecutivas no es ponerte una etiqueta, es dejar de ir en tu contra y empezar a trabajar a favor de cómo eres.
Y desde ahí, todo cambia.
Gaby Rodríguez. Life coach Tdah.
